Los feminismos apelan a la paz, a la resolución de los conflictos, a una ética de la vida basada en el respeto.

Mar 7, 2019 | Entrevistas | 0 Comentarios

Alba Carosio

Entrevista a Ana Silvia Monzón, guatemalteca, socióloga y comunicadora feminista.

 En Venezuela, es cada vez más necesaria la construcción de una cultura de paz y convivencia en un contexto político altamente polarizado y con constantes amenazas y acciones injerencistas que atentan contra la soberanía, la autoderminación y la voluntad de la mayoría de desarrollar la vida en escenarios de paz. Iniciamos un conjunto de conversaciones con feministas venezolanas y de otros países que han abordado la problemática de la guerra, la construcción de la paz y la mirada desde las mujeres y el movimiento feminista en diversos contextos del mundo.

“Las guerras remiten a los orígenes del patriarcado y de los sistemas económicos que se basan en el despojo y la explotación, en la concentración de riquezas y en la opresión y sometimiento de pueblos enteros a la voluntad de quienes, mediante el uso de la fuerza, ejercen el poder”.

¿Cuál es tu análisis sobre el impacto de las guerras, las guerras civiles y otras formas de violencia política en las sociedades y muy especialmente el impacto en la vida de mujeres y niñas?

 

Las mujeres han sido consideradas botín de guerra, sus cuerpos son apropiados con fines sexuales y económicos, y convertidas en mercancía.  En las guerras se exacerban los roles de género, en el marco de jerarquías de poder tanto de género como raciales y de clase, y para justificarse, quienes deciden las guerras elaboran la idea del “enemigo” a vencer. En el caso de los conflictos armados internos que han marcado la historia de Latinoamérica desde el siglo veinte para esta parte, ese “enemigo” es “interno”. 

En el contexto de la guerra fría en los años cincuenta,  ese enemigo era el comunismo, esa fue la razón para derrocar, en 1954, al presidente Jacobo Arbenz en Guatemala, que había sido electo democráticamente. La investigadora Susan Jonas, escribió en los años ochenta el libro Guatemala: plan piloto para el continente, donde revela la ruta planificada y seguida por EEUU para justificar la salida del presidente, que incluía el recurso de la publicidad, que en esos momentos era incipiente al igual que la televisión; luego preparar a un ejército en un país vecino, proclamar a un líder, etc.

En el caso de Guatemala, el presidente Arbenz decidió renunciar ante la presión y para que no hubiera un baño de sangre.  Fue humillado. Y en nuestra historia es un parteaguas que marcó el período de 10 años de gobiernos progresistas (1944-1954) y la pesadilla que ya lleva más de cinco décadas.

En los años setenta se agudizó la política de contrainsurgencia que tuvo una cantidad impresionante de muertes, secuestros, desapariciones forzadas y exilios, se cerró cualquier posibilidad de expresión ciudadana. Se declaró como enemigo interno a toda persona que expresara un pensamiento crítico. Y se desplegó una fuerza militar desproporcionada que actuó contra civiles desarmados, causando una violencia  inimaginable. Sindicalistas, estudiantes, intelectuales, políticos y políticas críticas(os) fueron blanco de la represión selectiva, y despiadada.  En los años ochenta, los pueblos indígenas fueron avasallados, masacrados, la política contrainsurgente fue brutal contra niñas, niños, mujeres, hombres y ancianas(os) indígenas. En el 2013, tras largos años de lucha por la justicia, el pueblo ixil logró probar ante la Corte Suprema de Justicia, que hubo genocidio en su contra.

Las atrocidades del conflicto armado interno fueron recogidas en los informes Guatemala ¡nunca más! elaborado por la iglesia católica; y Guatemala: memoria del silencio, por una comisión a cargo de Naciones Unidas. También libros como Masacres de la selva, del antropólogo jesuita Ricardo Falla, dan cuenta de esos horrores.

“En ese contexto, como en todos los conflictos armados internos, las dictaduras militares, las mujeres, la niñez, cualquier persona ha sido deshumanizada, aterrorizada, como forma de ejercer control”. 

¿Hay intereses ocultos detrás de las amenazas de invasión y promoción de escenarios de guerra? ¿Podrías darnos una mirada feminista de ello?

 

Quienes ejercen el poder, y declaran las guerras han necesitado justificar su acción. Se han escudado en la lucha por la democracia-un valor abstracto- en los prejuicios y los estereotipos, que ocultan intereses económicos, políticos, culturales, geopolíticos e históricos.  Las teóricas que han estudiado el patriarcado plantean que éste es un sistema de jerarquías de género, y desde una perspectiva intersectorial, un sistema que está entrecruzado estructuralmente por ejes de jerarquías raciales, de clase, de origen. Como sistema de poder requiere reproducirse de diversas formas, pero en su base está la violencia. Al instituirse el patriarcado lo hizo tras un largo proceso de despojo violento de los cuerpos de las mujeres, de la apropiación de sus hijos e hijas, de su fuerza de trabajo.

El feminismo es pacifista y por tanto, antiguerras, anti opresión. Sus luchas apelan a la razón, a la negociación,  al consenso, al respeto. La propuesta política, filosófica y teórica de los feminismos apunta al reconocimiento mutuo, el intercambio, el respeto al otro y la otra, a vivir vidas sin violencia. Propone erradicar la violencia, y apunta a sostener la vida con los aportes de todas y todos.

“Los feminismos apelan a la paz, a la resolución de los conflictos”.

¿Cómo desde las organizaciones sociales y el pueblo se puede aportar en la construcción de una cultura de paz? ¿Cómo las mujeres y el movimiento feminista ha tributado a la cultura de paz?

 

En efecto, reitero, el feminismo, los feminismos apelan a la paz, a la resolución de los conflictos, a una ética de la vida basada en el respeto. A la convivencia en libertad. Una precondición para que la paz sea posible, es la eliminación del patriarcado.

Cabe mencionar que las mujeres guatemaltecas han hecho un aporte importante a la comprensión del papel de las mujeres en los procesos de negociación de la paz. Ellas plantearon la creación de un Sector de Mujeres en el marco de una Asamblea de la Sociedad Civil, que se creó en 1994, cuando estaban en proceso de diálogo y negociación de la paz, dos partes: el gobierno de Guatemala y representantes de las organizaciones político-militares (la guerrilla). Sus aportes fueron significativos, colocaron problemáticas nuevas en la discusión, perfilaron una agenda de demandas que fueron incluidas en los textos de los Acuerdos de Paz. Y anticiparon la creación de un Foro Nacional de la Mujer, que tuviera como rol velar por el cumplimiento de esa agenda, una vez los acuerdos fueran firmados.

Esta experiencia, y otras alrededor del mundo, motivaron la aprobación de la resolución 1325, en octubre 2000, que plantea entre otros aspectos:

“Reconociendo que la comprensión de los efectos de los conflictos armados en las mujeres y las niñas, unos mecanismos institucionales eficaces para garantizar su protección y la plena participación en el proceso de paz pueden contribuir considerablemente al mantenimiento y el fomento de la paz y la seguridad internacionales. Tomando nota de la necesidad de consolidar los datos acerca del efecto de los conflictos armados sobre las mujeres y las niñas,

  1. Insta a los Estados Miembros a velar por que aumente la representación de la mujer en todos los niveles de adopción de decisiones de las instituciones y mecanismos nacionales, regionales e internacionales para la prevención, la gestión y la solución de conflictos;
  2. Alienta al Secretario General a que ejecute su plan de acción estratégico (A/49/587) en el que se pide un aumento de la participación de la mujer en los niveles de adopción de decisiones en la solución de conflictos y los procesos de paz”;

Esta resolución es clave, un aporte para sustentar la necesidad de que las mujeres sean incorporadas en los procesos de negociación y firma de la paz.

“La postura no puede ser otra que el diálogo y la negociación”.

¿Cómo ve la solidaridad internacional y especialmente la del movimiento feminista frente a los riesgos de la violencia política en Venezuela?

 

Considero que siendo consecuentes con los planteamientos de los feminismos,  el movimiento feminista, las feministas, no podemos sino solidarizarnos con el pueblo venezolano. Como guatemalteca, además, conociendo de cerca los efectos de los conflictos armados, la postura no puede ser otra que insistir en el diálogo y la negociación, en que se coloquen los intereses de la mayoría en el centro, que se detenga la violencia política, e instar a los movimientos, a las ciudadanías, a los pueblos, a respetar el derecho a la autodeterminación. 

Los gobiernos latinoamericanos, sobre todo de países que aún sufren las secuelas de los conflictos internos, deben recapacitar y no sumarse a la espiral del miedo, al uso de la fuerza, no pueden ir contra la vida y la paz“.

Ana Silvia Monzón, guatemalteca, socióloga y comunicadora feminista. Investigadora en temas relacionados con la historia, participación y condición de las mujeres. Comunicación, trabajo y migraciones. Asimismo, el papel de las mujeres en la academia. Profesora en varios espacios universitarios. Cofundadora de los espacios de comunicación feminista: Voces de Mujeres y Mujeres Abriendo Caminos, en radio. Mujeres Convocando, en televisión. Plataforma 51, en las redes sociales. Integrante del consejo editorial del periódico feminista La Cuerda, desde el 2007.  Cofundadora de la Comisión Universitaria de la Mujer, del Programa de Investigación y Estudios de Género, del Instituto Universitario de la Mujer, y del Centro de Estudios de las Mujeres y Feminismos, todos en la Universidad de San Carlos, la universidad estatal. Co-coordinadora del Programa de Estudios de Género y Feminismos-FLACSO-Guatemala. Integrante del GT Feminismos y emancipación, y del GT Economía feminista de CLACSO. Actual presidenta de la Asociación Centroamericana de Sociología.

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