La participación de las mujeres es clave en la construcción de la paz

Jul 8, 2019 | Entrevistas | 0 Comentarios

Equipo Entrompe de Falopio


En el marco del proyecto “Mujeres y Construcción de Cultura de Paz”  
presentamos la entrevista a MAGDYMAR LEÓN:

Feminista y Psicóloga Clínica, Magistra en Estudios de la Mujer.
Coordinadora de la Asociación Venezolana
para una Educación Sexual Alternativa (AVESA) y

Coordinadora (E) de la Maestría en Estudios de la Mujer de la UCV.


 

Venezuela ha venido viviendo enfrentamiento y conflicto entre posiciones políticas que han conformado dos polos irreconciliables o aparentemente irreconciliables. ¿Cómo ves la etapa actual de ese conflicto o polarización?

ML: La polarización se ha ido desdibujando de la radicalidad que tuvo en otros momentos. Eso no significa que no sigan existiendo diferencias en cuanto a posiciones políticas, formas de entender las políticas de Estado, las formas de gobierno, o cuestionamientos a quienes lideran los procesos, pero no desde el entendido de que todo es blanco o negro.

De hecho, veo en este momento unas “oposiciones” y desde el gobierno, hay mucha gente que se ha desmarcado, por ejemplo, de Maduro. Hay cuestionamientos, hay quienes se definen o los definen como: “chavismo disidente”, “chavismo crítico”. Entonces se va viendo que esos dos supuestos grandes bloques, como en un momento eran vistos, que nunca, creo yo, fueron totalmente uniformes y unificados, pero eran como más claros, más monolíticos; eso ahora deja de estar, deja de ser, de un lado y del otro. Existiendo por supuesto gente a los extremos de la polarización, los más radicales de un campo y del otro. En el medio, estamos la mayoría, cada uno en un lugar que te hace estar, en algún momentos más cerca de este lado o más cerca del otro, bien sea de “las oposiciones” o de, vamos a llamarlo “los chavismos”, por ponerle un nombre en este momento. No veo que existan bloques tan unificados, y eso permite un mayor acercamiento sin duda, y creo que permite también mirar más al otro o a la otra.

Me he definido, o me han definido siempre como de oposición. Quiero comentar además que yo voté por Chávez en el 98 y mi apoyo a Chávez duró dos meses exactos. Duró hasta que vi en el sitio en el que yo estaba trabajando que había mucha corrupción, participación de militares, y me dije, yo no voté por esto. De ahí en adelante estuve en oposición al gobierno de Chávez por estas cosas que vi y que seguí viendo mucho tiempo después. Pero quiero decir además que yo no he militado en ningún partido político, no se puede decir: “es que Magdymar es de Primero justicia, Voluntad Popular, Acción Democrática” nada que ver, mi única militancia ha sido el feminismo y obviamente tengo una afinidad política, pero jamás me identifiqué con un partido. Eso también es importante, en mi caso en particular, yo no soy militante de partido, yo soy militante feminista. Entonces esto siempre me ha dado la posibilidad de poder articular con otras gentes. No sigo una línea de un partido porque no estoy en ningún partido. Sigo la línea feminista por mis convicciones.

Si bien antes no me parecía estas posiciones tan irreconciliables, refiriéndome a la “Oposición” y al “Chavismo”, ahora menos. Eso no significa que no haya debate, que no haya diferencia. Muy probablemente eso va a estar, y está bien es lo que debe ocurrir, en la democracia -se supone- que se tienen que escuchar, las diferentes voces, las diferentes opiniones, una sola voz no tiene chiste. Creo que tenemos que aprender a vivir en democracia, manteniendo todas las disidencias, todas las diferencias y que todas sean expresadas. Eso es un trabajo cuesta arriba, sería más fácil tener dos voces, pero no, no son dos, son diez, son veinte, son “x”, y creo que el trabajo es “puedo estar de acuerdo con esta persona en esto y con esto no estamos de acuerdo”, y así. Con las particularidades de cada línea, para llamarlo de alguna manera, de cada posición.



En especial, el conflicto político cómo ha afectado a las mujeres y las sexualidades disidentes

ML: En esto que podríamos llamar el proceso revolucionario, que tiene ya veinte y algo de años, es innegable que hubo un reconocimiento a los derechos de las mujeres. Sin embargo, también pienso que hubo un uso político de los slogans de las mujeres y de la masa política de las mujeres. Fue un momento precioso en el sentido de la cantidad de mujeres movilizadas, como masa crítica, como masa que empieza a manejarse con unos temas y empieza a reflexionar. Por ejemplo, la cantidad de colectivos de mujeres que surgieron, de mujeres interesadas en el tema del feminismo, es innegable. No obstante, desde las políticas de Estado realmente no hubo avances, ni siquiera los avances mínimos que eran muy fácil para el gobierno suministrar, por poner un ejemplo, el tema del aborto, las tenía todas, pero al gobierno no le interesaba realmente hacer un cambio a favor de los derechos de las mujeres, esas son las cosas a las que yo me refiero. Los temas de educación sexual, incorporación de la diversidad sexual, entre otras, se hizo una oferta que no fue cumplida. La gente fue captada hacia un proyecto político que terminó sin dar los frutos que fueron ofrecidos, eso es un fraude.

Incluso, en estos momentos, en los temas de derechos sexuales y reproductivos, Venezuela tiene un reconocimiento que está muy por delante de los países de la región, y esto ya lo teníamos desde el año 2002. Chávez gana en el 98, viene un proceso constituyente, un momento muy valioso para el movimiento de mujeres con todo lo que se logra en la constitución. Teníamos un impulso de lo que fue Cairo y las conferencias internacionales, acá se logra posicionar positivamente unos temas que todavía no se daban en la región, por ejemplo, que la anticoncepción de emergencia sea de venta libre, eso todavía hay países de la región que no lo tienen, que la venta de métodos anticonceptivos sea sin receta médica. Es decir, realmente estábamos teniendo un avance muy bueno y muy favorable, en comparación al resto.

Pero desde el 2003, 2004, se detiene este proceso pujante y comenzamos a ver una política en el tema de sexualidad, que está enfocado a la reproducción, es decir, la sexualidad entendida sólo como reproducción, no como derechos sexuales, solo como reproducción, ni siquiera como derecho reproductivo, porque también existen muchas deficiencias con lo que tiene que ver con planificación familiar, distribución de métodos, etc. Se llegó hasta donde se llegó, y no solamente que no se avanzó, sino que se retrocedió y en este momento estamos en una situación realmente deficiente. No solamente, insisto, por el tema de la crisis que estamos viviendo en este momento, que hay quien la cuenta desde el 2016 para acá, digamos la situación más crítica de alimentación, de servicios, entre otras. Es definitivamente un tema más estructural que está vinculado a la concepción de las políticas públicas. En los temas de diversidad sexual o sexualidades disidentes tampoco ha habido avances, porque insisto, el centro ha sido lo reproductivo, no lo sexual, no los derechos sexuales, no la libertad de decidir sobre su cuerpo. El que yo tenga actividad sexual con quien quiera o me víncule amorosamente con quien quiera, o construya la familia que quiera, todo esto tiene implicaciones en términos de derechos.

Entonces ha habido un fraude, sobre todo para el grupo de personas que creyeron en el proyecto y que apoyaron el proyecto político en tiempos de Chávez y posteriormente en tiempos de Maduro. Tenemos que recordar que Chávez ungió a Maduro para que la gente votara por él, de no haber ocurrido eso, él por sí sólo, creo yo, que no hubiera logrado esos votos. Esos votos son de Chávez y él está ahí porque Chávez lo unge y dice: “voten por él”. De otra manera eso no hubiera pasado, la gente no hubiera votado por Maduro sino es porque Chávez dice “éste es el hombre”.

Pienso que hemos perdido unos años muy importantes. Yo no dudo que la gente haya hecho esfuerzos particulares, puntuales, las compañeras feministas en diferentes sectores, pero son esfuerzos que terminan siendo individuales, y ese es el problema, que este no es un asunto individual esto es un asunto de Estado, es un asunto global. Al decir esto yo no estoy atacando a tal o cual feminista en posición de gobierno, yo estoy cuestionando la política general, no ha funcionado, y tiene muchos años que no funciona. Insisto no sólo vinculada al tema de la crisis actual, sino que tiene mucho que no funciona.

Por ejemplo, desde el gran boom de la Norma de Salud Sexual y Reproductiva del 2003, que nosotras acá en Venezuela tuviéramos esa norma de lujo cuando en la región eso era una cosa impensable, hay que preguntarse ¿cómo es que en el 2019 estemos como estemos? Se suponía que de seguir como veníamos era para que la situación mejorara. Yo recuerdo el excelente trabajo que Luisana Gómez hizo en ese momento con la Norma cuando estaba en el ministerio, la verdad es que ese esfuerzo se esfumó, eso no se ha materializado. Y con el trabajo de Luisana se esfumó el de muchas otras.

La política de las misiones sociales Chávez enfocadas a las necesidades de las mujeres terminaron siendo programas de gobierno, no se concibieron como políticas de Estado y se creó una institucionalidad paralela ni se afrontaron los problemas que debieron ser afrontados en su momento, como el monstruo del sistema de salud, ese monstruo de mil cabezas. Jamás quisieron reformular o hacer una nueva ley de salud que le pusiera el cascabel al gato, no, misiones, programas, cuestiones paroxísticas que no siguen una línea ni una política pública coherente. En educación se hicieron algunos esfuerzos, la reforma curricular, pero luego se quedaron en lo normativo faltó bajar esto a la gente, la formación a docentes, que la educación integral de la sexualidad le llegara a los chamos y las chamas, eso era lo que tenía que ocurrir. Se quedó a un nivel, eso tiene que bajar, materializarse en las chicas, en los chicos, que tengan la capacidad de tomar sus decisiones, de empoderarse de su cuerpo, de luchar por sus derechos sexuales, por sus derechos reproductivos, eso no ocurrió. Ahí están unas grandes debilidades.

Hay quienes consideran que la violencia puede incrementarse bien sea por una invasión o por abierta guerra civil, ¿qué impactos tendría esto en la vida de las mujeres y las sexualidades disidentes?

ML: En toda crisis la brecha de género aumenta. No tengo que esperar la invasión, ya la tenemos, ya lo estamos viviendo. Si ocurre una invasión se exagera mucho más, pero la verdad es que ya la estamos teniendo. Que ocurra producto de un conflicto armado, una crisis humanitaria, por un desastre natural, debilitamiento de la institucionalidad del Estado, en cualquiera de los escenarios lo que ocurre es que las brechas de género aumentan. Al aumentar las brechas de género la violencia contra las mujeres y las sexualidades disidentes aumenta en sus diferentes modalidades. En el país, somos día a día personas cada vez más explotables, esa es mi conclusión. Explotables desde todo punto de vista, explotables nuestros cuerpos para mano de obra barata, explotable nuestra sexualidad, explotable nuestra reproducción. Toda la población está siendo sumamente violentada y estamos como en un callejón sin salida. ¿Quiénes son los más afectados? los más vulnerables dentro de los más vulnerables, la verdad es que ya estamos muy mal todos y cada vez es como mucho más duro. Que venga una invasión, en el supuesto que venga una invasión -que no voy a decir que si ni que no va a venir, no quiero que venga, obviamente- se puede tener un actor identificado, pero en el contexto en el que estamos, es una violencia de todos contra todos, es impresionante.

Te voy a poner un ejemplo, yo no sé si tú lo recuerdas, cuando las hermanas colombianas venían a Venezuela dejando a sus hijos, a sus hijas en Colombia venían a trabajar acá, no se les decía trabajadoras domésticas, sino “cachifas”. Venían sin documentación, por los caminos verdes. Generalmente había una colombiana que era a quien le decíamos “consígueme una colombiana”, porque ellas eran las buenas para cuidar los hijos, para limpiar, para cocinar, para todas esas cosas. A estas mujeres les pagaban cualquier cosa, muchas de ellas nunca terminaban de resolver su tema de legalidad y eso es un tráfico de personas. Ahora está pasando exactamente lo mismo, pero de aquí para afuera.

En este caso te pongo el ejemplo de lo laboral, pero perfectamente lo mismo es para fines sexuales, exactamente igual, porque es un tema de supervivencia. Y con las sexualidades disidentes pasa lo mismo: “o te alineas a la heteronormatividad o me aprovecho más de ti” ya que esa condición, para calificarla de alguna manera, operará en tu contra. No le he seguido el pulso como están los crímenes de odio en el país, ¿quién le ha seguido el pulso?, ¿dónde aparecen los crímenes de odio?, tenemos una dificultad en la medición de las realidades, pero yo presumo que se tiene que haber intensificado en el contexto de crisis. En Venezuela no se paga muerto, esa es la verdad, la impunidad es atroz. Los crímenes de odio se exacerban y las violencias de todo tipo se exacerban, en un contexto donde cada vez somos más explotables, donde las brechas de género aumentan y evidentemente las sexualidades disidentes están ahí al ladito de las mujeres, no están con los “tipos”, con los “machos del poder”, no, ese no es el lugar, el lugar es para acá, para este lado, para donde estamos “los más jodidos”.

Entonces, no se trata de que la violencia es algo que va a pasar por una invasión o por una abierta guerra civil, ya está pasando, “la papa caliente ya llegó” y es muy triste lo que está ocurriendo. Tenemos múltiples formas de violencia, laboral, explotación, trata, tráfico, delitos sexuales, abuso sexual, la mal llamada prostitución infantil, que en realidad es explotación infantil, sexo por supervivencia, todo eso es en lo que estamos. Ve a Sabana Grande, ve los chamos, las niñas, se ve claramente, se rebuscan de alguna manera; esto no es un tema moral, es una estrategia de supervivencia para una infancia muy muy afectada. Entonces el monstruo ya llegó, está aquí, no hay que esperar para mañana, ni invasión ni guerra, ya llegó.

¿Ves incidencia de la geopolítica en el conflicto venezolano, cuál y cómo sería?

ML: Sin duda, claro. Existen fuerzas externas que están interviniendo en esta dinámica. Claramente la gente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, recurrieron a apoyos externos, llámese Grupo de Lima, llámese gobierno de Estados Unidos, para hacer presión en Venezuela, eso es evidente. Por su lado el gobierno también tiene alianzas internacionales, Cuba tradicionalmente, China, Rusia. El conflicto venezolano es de Venezuela, pero también intervienen fuerzas externas e intereses geopolíticos y económicos, que están en disputa. Cada uno de los sectores lo maneja, sin duda, aquí hay un pugilato de poderes. Insisto no es solamente un poder interno, es también un poder externo, pero a mí me cuesta creer que todos son títeres de afuera. Es como decir “es que Chávez era títere de los cubanos” o “es que Guiadó es títere de los Estados Unidos”, tampoco así, ni para el uno, ni para el otro.

Evidentemente que esos factores externos inciden, pero quiero pensar que nosotros también somos protagonistas de ese proceso, cometiendo nuestros errores, con nuestros desaciertos, pero no es que todo está única y exclusivamente determinado por la política exterior. Son mecanismos de presión que cada uno de los grandes que están en pugna utilizan para ir ganando terreno para quedarse con el de poder en Venezuela, eso está muy claro. Pero no creo que ni uno es títere de Putín o de los Castro, ni que el otro es títere del imperio o el grupo de Lima.

Venezuela sigue siendo apetecible, pero no solamente por el petróleo, sino también por la ubicación geopolítica, como ubicación militar. No solamente son las riquezas, sino también que estamos donde estamos, somos la puerta al sur y estamos de cara al norte, a pata e´ mingo tenemos el Canal de Panamá. Venezuela, no solamente por sus riquezas petroleras, sino además la posición que tiene, que es fantástica para cualquier mercado.

Estos y otros elementos están interviniendo. Considero que hay que revisar el tema petrolero, hay  muchos países que están migrando hacia fuentes de energía limpia. El discurso del petróleo como fuente de riqueza más temprano que tarde se va a agotar, porque ya muchos países están usando energía solar, la misma energía eléctrica, otras fuentes de energía sostenible y el petróleo va a dejar de tener el valor, espero yo, que ha tenido y que más bien el proyecto tendría que ser movernos hacia esas otras fuentes de energía. Ahí es donde van mis dudas acerca de si es el petróleo lo que se están peleando, porque en Europa o en los EEUU  van avanzando hacia otras fuentes de energía. Tampoco se puede afirmar o que no les interese el petróleo, pero no es sólo el petróleo. La cultura extractivista identifica otras riquezas, coltan, por ejemplo. Todo eso está ahí ¿en qué medida influye? no lo sabemos, pero no es lo único que determina nuestra realidad.

Hay posibilidades de diálogo entre los polos enfrentados, en todo caso, que elementos serían necesarios para concretar la posibilidad de diálogo.

ML: la pregunta se respondería en función a qué nivel la ponemos. Es decir, si por grupos de enfrentados tenemos las oposiciones y las diferentes expresiones del madurismo o del chavismo, a un nivel más base, las tenemos. En el día a día en nuestras familias, en nuestros trabajos, en el metro, en la calle, cada vez más hay un mayor acercamiento desde unos sectores de la base. Mi impresión es que eso se va ampliando cada vez más. Ya en sectores de clase media vez que la gente le importa poco la posición política del otro porque necesitamos agua, compartamos agua, se me va a podrir esta comida compartámosla, mayor cooperación vinculada la grave situación que estamos viviendo. Sigue habiendo sin duda, una gente más radicalizada. Otra cosa es la cúpula, pero como no todo es la cúpula de estos grupos políticos, hay que prestar atención a las cosas que se están dando en medio y justamente mi invitación es a mirarlas, no todo se maneja en las cúpulas.

No creo que en la cúpula de las posiciones políticas “gobierno – oposición” haya diálogo, ellos están cerrados a dialogar en este momento, ninguno arrima para el diálogo, más bien parece un “no al diálogo” y hay gente en este entramado que también rechaza el diálogo, de parte y parte.

Ahora, mi impresión es que cada vez más se va dando dentro de este entramado, que como dije no es una totalidad blanca y negra, acercamientos interesantes que tal vez suban a la cúpula. Pero me preguntas hoy y mi respuesta es que hoy, no veo diálogo en la cúpula, ni en los extremos de la polarización. Los planteamientos son, no al diálogo, no a la mesa de negociación. Es que ni siquiera se han podido acordar unas elecciones, no ha habido ningún acuerdo de nada, que es realmente a lo que tendríamos que llegar, a unas elecciones. Y desde afuera (Comunidad Europea, por ejemplo) se han hecho ofertas, tanta gente del gobierno, tanta gente de oposición, tantos en la mediación y no han aceptado. Desde diferentes instancias internacionales han brindado ofertas, por ejemplo electorales, no ha cuajado, no se ha dado. No hay manera de que dialoguen.

Las elecciones que ocurrieron el año pasado están cuestionadas y no son reconocidas por buena parte de la población, internacionalmente están dando reconocimiento al presidente encargado de la Asamblea Nacional. Ahí hay un nudo grueso, el gobierno dice “pero es que somos legítimos” y el otro dice que “no”, ahí hay unos puntos de discusión a los que no se ha llegado porque está esa traba. ¿Cuál es el argumento de la ilegitimidad de las elecciones del año pasado? partidos políticos inhabilitados, ausencia de observación internacional, son parte de todo el cuestionamiento al proceso electoral que se realizó y en el que gana Maduro la presidencia. Eso es lo que se está cuestionando, allí es donde viene el gran debate. ¿Qué sería?: bueno vayan a unas nuevas elecciones con las debidas garantías y que gane el que gane. Esa pareciera ser la salida civilizada, para no meternos que si en una invasión o en una guerra civil y que destranque este asunto. Porque a todas estas, la población es la que sigue en este sufrimiento por el que estamos pasando.

Y cuáles serían los temas que a tu juicio, deben incluirse en la agenda para el diálogo

ML: yo pienso que el gran tema ahorita es que hayan unas elecciones, para mi es el tema central. Que se elijan unos nuevos representantes. El gobierno hizo elecciones, conformó la Asamblea Nacional Constituyente y esta instancia no hecho nada para lo que fue creada, que era hacer nueva constitución. El discurso era que la ANC iba a traer la paz, el orden, pero eso tampoco resultó. ¿Dónde está la propuesta de nueva constitución que se va a votar? Nadie la conoce. Estamos trancados en esta situación que no se le ve salida en el corto plazo. Pienso que el tema sería el tema de las elecciones. En algún momento Maduro incluso lo dijo por ahí: “bueno si tú te quieres medir, vamos a medirnos”, pero luego se quedó callaíto y no volvió a decir más nada, eso se quedó ahí.

El Instituto Universitario de la Paz y los Conflictos de Granada sostiene «Existe la paz negativa (hay paz cuando no hay violencia), la paz positiva (hay paz cuando hay justicia) y la paz imperfecta” ¿Cómo aplicarías esta afirmación a Venezuela?

ML: no hay paz. Recapitulo ¿paz negativa cuando no hay violencia?, pero hay violencia, hay violencia a todo nivel. Lo que te decía hace rato, nuestra condición de explotados, estamos violentados por aquí y por allá. ¿La positiva es cuando hay justicia? Tampoco y la tercera es la imperfecta que… no sé. Pero la verdad es que no veo mucha paz  por estos lares. Vivimos en una gran angustia, la población se la vive en una zozobra, una intranquilidad. La pregunta “¿qué voy a comer hoy?” es la pregunta del día a día, eso no es estar tranquilo, tan simple como eso. Para mí no, no tenemos paz.

¿Cuál sería el rol de las organizaciones sociales en la construcción y sostenibilidad de una cultura de paz para Venezuela?

ML: esa pregunta me parece súper importante porque yo sí creo que en este momento las organizaciones sociales tenemos un papel fundamental. Primero para dejar registro de esto que está pasando, para contarlo, obviamente cada quien contará lo que vio como lo vio. Lo importante es que haya registro de todo esto por lo que estamos pasando, porque nada como perder la memoria del país. Yo creo que las organizaciones sociales, de la sociedad civil tienen ese papel.

Segundo creo que tenemos un papel de cohesión o de coordinación, a un nivel, que no es el nivel del poder, el macro poder, sino que es a un nivel más de las personas. Todo lo que se puede hacer de acompañamiento, asistencia, coordinación, creo que es nuestra función en este momento.

Pienso además que podemos hacer y debemos hacer propuestas de construcción. Qué es lo que nos parece que tendríamos que hacer, hacia qué dirección, de qué manera. Que nos mantengamos vivas las organizaciones de la sociedad civil es muy importante, porque estamos en un lugar distinto. Nuestro lugar no es el de tener un cargo, nuestro lugar es otro, que es ese lugar de construcción, de acompañamiento, de propuestas, de recomendaciones. Yo diría que es un lugar muy valioso, es un lugar de contención ante esta situación que es muy cruel. Alguien que pueda decir cosas, que pueda de alguna manera contener esto tan fatal que estamos viviendo en este momento. Es el momento de la sociedad civil, no de los partidos políticos, es que los partidos políticos la verdad es que están deslegitimados y las iglesias ¡por favor!, en nuestros temas la verdad es que no son aliadas.

La paz no es un ámbito específico del género femenino, ni las mujeres poseen una predisposición natural para la misma, sino que su construcción es una tarea que concierne a ambos sexos por igual. Sin embargo, es innegable el hecho de que las movilizaciones de mujeres han incluido muy a menudo la paz entre sus reivindicaciones, tal y como puso de manifiesto la alianza entre el sufragismo y el pacifismo primero, y las uniones recurrentes entre feminismo y pacifismo después. En conflictos que han ocurrido en AL y el Caribe, los colectivos de mujeres han jugado un papel importante para la paz ¿crees que en Venezuela sería posible replicar esas experiencias? ¿Quiénes serían las sujetas de esas experiencias? Qué condiciones deberían cumplirse?

ML: lo que dice la recopilación de experiencias en diversos países es que la participación de las mujeres es clave en la construcción de la paz. Si por replicar estamos entendiendo copiar el modelo de tal o  cual, no sé si replicar es lo que corresponda. Las venezolanas tenemos que generar algún tipo de estrategia, y no sé si es una, creo que más bien son muchas, por cierto. Generar estrategias en nuestro contexto y nuestras realidades porque no siempre son aplicables las recetas que a otras compañeras les sirvieron. A nosotras nos toca inventarnos nuestra receta, generar nuestras estrategias.

Estas estrategias no pueden ser de un grupo de mujeres tiene que ser de diversos grupos de mujeres, tienen que ser diversas estrategias. Pienso en las grandes luchas por el derecho al voto en el siglo XVIII y XIX, las mujeres lucharon en diferentes contextos, unas en los espacios de poder, otras en las fábricas, otras en las calles, otras en los medios de comunicación, en los sindicatos, creo que tenemos que actuar todas. Ahí es donde pienso que tenemos que actuar mujeres de las oposiciones y mujeres de los chavismos, ni siquiera sé si tiene que ser juntas o no. Creo que las estrategias no tienen que ser las mismas.

Por ejemplo, el otro día lo conversaba con alguien de Tinta Violeta y le decía: “tú sabes que yo a la ANC no voy a ir, pero vayan ustedes, sepan que yo las apoyo. Yo no reconozco la institucionalidad de la ANC porque en eso no estamos de acuerdo, pero yo estoy de acuerdo con lo que tú estás planteando. Déjame a mí y yo voy a la Asamblea Nacional y planteo algo similar. Apoyo lo que estás planteando y eso va a arrimar a la causa, yo no te voy a sabotear, no te voy a torpedear, en el entendido que estamos en lo mismo”. A ver, decir que todas vamos a ir juntas tomadas de la mano al mismo espacio es un absurdo, me parece que eso es pegar con chicle una cosa y forzar unas lealtades que me parece ingenuas y que nos hacen más daño que bien, desde mi percepción.

En unas cosas no estamos de acuerdo pero en esas en las que sí estamos de acuerdo, apoyarnos. Nombraría los temas de la agenda feminista, que son en los que estamos juntas: el aborto, sexualidades disidentes. Ojo! algunas, también hay que decirlo. Reconozco que hay mujeres de las oposiciones que no son Magdymar, que está de acuerdo con la despenalización del aborto, el matrimonio igualitario, sabiendo que ellas no van a acompañar determinadas cosas. Qué cosas sí van a acompañar, violencia contra la mujer, cuotas, participación política de las mujeres, empoderamiento, esos temas que generan menos prurito, como más reconocidos, en los que no estás tocando las llagas centrales del patriarcado. Pero lo que está vinculado con el tema de sexualidades, no todas están dispuestas. Y creo que de parte y parte, porque del lado de las chavistas podríamos decir otro tanto, no todas tienen el mismo posicionamiento, es igual.

Hay diferentes articulaciones, hay unas que estamos resteadas con los temas más duros y otras no. En algunos temas como en el aborto surgen juicios como “asesina”, “abortera”. Muchas no se van a anotar en esa, no se van a pelear con la iglesia o con las iglesias porque forman parte de esa estructura. Los temas de sexualidad siempre son los temas más duros y en los que nos fotografiamos pocas, porque es una raya para la gente. Hay otros temas en los que todo el mundo quiere fotografiarse, como el del femicidio. Pero pelear por los derechos de “los maricos”, las lesbianas, ¡que vainas es esa!, ¡cómo voy yo a pelar por los derechos de esos pervertidos, enfermos!.

Es que ahí estamos tocando temas incluso de ciudadanía ¿quiénes son ciudadanos, ciudadanas y quiénes no? No todo el mundo ha llevado las reflexiones a esos niveles, siguen pensando que hay unas clasificaciones en el ejercicio de la ciudadanía o de los derechos ciudadanos.

Creo que quienes pueden hacer puentes son algunas personas, algunas mujeres, no veo organizaciones, sino personas, sobre todo en los temas más álgidos, por ejemplo de sexualidades disidentes. Claro, la articulación es casi que de tú a tú. En cuestiones como más manejables, violencia contra las mujeres, femicidio, paridad política, salud de las mujeres, muertes maternas, embarazo adolescente, temas ya políticamente trillados, manejados, es más sencillo articular.

Es interesante, todo el mundo está de acuerdo con que el embarazo adolescente es un problema, luego cómo se aborda el tema, ahí si hay diferencias, porque ¿dónde se pone el acento de responsabilidad, en que son unas “carajitas realengas”, unas “puticas”, las que abren las piernas? es la visión, cómo te estás acercando a la problemática. Luego cuando hablamos del tipo de educación integral que se va a brindar, es cuando viene el conflicto. Una forma de mirar el problema desde un enfoque moralista que tampoco contribuye para nada.

Algunos temas pueden ser más aglutinadores y puede haber un acercamiento un poco mayor. En temas como sexualidades disidentes, aborto, sexualidad, cuando toca hilar fino los acercamientos son menores. Pero ahí ya no creo que sea solamente entre estos dos grandes polos, no, es que yo creo que aquí la distribución es otra.

Es útil hacer estos mapeos más por temáticas e identificando en qué lugar están los diferentes actores  porque te puedes encontrar gente políticamente distintísima, pero que en determinado tema es tu aliada. Verlo todo con el primer tamiz de la polarización política no sirve, está siendo un primer mal filtro que no lleva a buenas conclusiones.

Más que orientarme desde la visión del problema me quiero orientar desde la visión de la construcción, para dónde vamos, qué es lo que queremos, en ese diálogo creo que es que efectivamente podemos construir la paz. El discurso de mirar el problema siempre nos lleva al tema de lo mal que estamos, y no es que eso no haya que hacerlo, obviamente que si hay que hacer diagnósticos de las realidades, pero también hay que apostar para dónde vamos. Eso es central, porque esa ausencia de norte es la que nos ha estropeado.

En el contexto venezolano actual, el tema de la convivencia es un tema central, cómo construimos convivencia y un respeto, una no violencia entre nosotros. El tema de la convivencia puede ser una vía, porque en eso estamos todos y todas. Junto con el tema de la seguridad. Recuerdo que hay unas experiencias de mujeres en las comunidades venezolanas de sectores populares, que han sido protagonistas en poner la pauta para lograr ambientes seguros, fueron ellas las que finalmente pusieron orden entre malandros, colectivos, la fauna diversa de actores violentos que pueden estar en una comunidad, las mujeres fueron las que lograron poner punto de orden.

Experiencias como esas son replicables, las mujeres en el tema de la seguridad y la convivencia, que es apostar a la cultura de paz. Cómo las mujeres intervenimos en ese proceso desde un rol de construcción, de poner parámetros, pautas de convivencia, de contención. Cómo se traduce eso, es un reto. Eso pasa por evaluar nuestros discursos, evaluar nuestros mensajes, cómo me estoy vinculando, cómo estoy reconociendo a la otra persona ¿lo estoy respetando? Realmente ese es un trabajo muy importante. Cómo puedo escuchar un planteamiento que no es lo que a mí me gusta, pero lo escucho, lo entiendo, lo recibo, no respondo de forma violenta, no me atrinchero en mi posición.

Aunque es válido que cada quien quiera mantener su posición, no tiene que ser ni que yo convenza al otro ni que este me convenza a mí, que es el otro tema, no tiene que salir un convencido y un convencedor, no, debemos pensar en cómo nos destrancamos desde ese lugar. 

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